Buenos Aires no es la excepción, pues una parte importante de su historia lejana y reciente está contenida en la historia de sus muchos y vistosos templos e iglesias. Es tan objetivo lo que afirmamos que la estructura más antigua aún en pie en la capital de Argentina es, precisamente, la Iglesia de San Ignacio, ubicada en pleno microcentro de esta hermosa ciudad.
Siendo específicos, la estructura arquitectónica más antigua de Buenos Aires es la torre sur y el frontis de la Iglesia San Ignacio, cuya construcción fue iniciada en el año 1686 con los primeros ladrillos producidos en la ciudad, y que vino a suplantar una estructura más precaria que se había erigido en el sitio en 1675.
Pero, antes de esa estructura precaria, existió una primera iglesia de la Compañia de Jesús en Buenos Aires, construida alrededor de 1610 por los jesuitas quienes habían llegado en 1608 a una Buenos Aires fundada veintiocho años antes por Juan de Garay.
Para los tiempos de la primera iglesia jesuíta, la ciudad aún pertenecía políticamente al Virreinato del Perú y la Provincia era gobernada por Hernando Arias de Saavedra con el título oficial de “Gobernador del Río de la Plata y del Paraguay”.
Esta primera iglesia jesuita, que funcionó en sus primeros años bajo la advocación de Nuestra Señora de Loreto para luego tomar el nombre de San Ignacio, estaba ubicada en la actual Plaza de Mayo, justo en frente del Fuerte de la ciudad (actual Casa Rosada), y funcionó allí por casi cincuenta años cuando, en 1659, una Cédula Real ordena al gobernador de ese momento, Alonso Mercado Villacorta, poner a la Plaza Mayor y al Fuerte en condiciones de defensa y es así como Mercado ordena el desalojo de la iglesia jesuita de ese espacio, lo que se ejecuta en 1661.
Es así que los jesuitas se trasladan al solar delimitado en la actualidad por la calles Bolívar, Alsina, Perú y Moreno, y que les fue donado por la Señora Isabel Carvajal viuda de Gonzalo Martel de Guzmán, con la única condición de ser enterrada en el lugar.
Los jesuitas, principalmente con el aporte de la Real Hacienda, iniciaron ese mismo año de 1661 la construcción del templo, que debió haber sido bastante rudimentario, seguramente de adobe y techos de junco, y que finalizaron en 1675.
En 1686 se inicia, en el mismo lugar, una refacción completa de la humilde construcción de adobe por una de ladrillos; ladrillos que, por primera vez, se producían en Buenos Aires.
Con estos ladrillos, lo primero que construyeron fue la torre sur y el frontis, ambas estructuras aún en pie y que por eso son, como ya mencionamos, las estructuras más antiguas de la actual metrópoli. Luego de una pausa de veinticuatro años, la obra se retoma en 1710 y fue inaugurada en 1722, aunque se asegura que fue totalmente culminada (tal y como la vemos hoy) en 1734, año de su consagración.
Sin embargo, conocer y estudiar la historia del lugar arquitectónico más antiguo de la Buenos Aires actual, merece la pena detenerse un poco más en algunos aspectos que revisaremos.
En 1710 la Compañia de Jesús encarga al arquitecto Juan Krauss, que era un jesuita, la refacción del templo -que como vimos ya tenia torre sur y frontis- y de toda la manzana que hoy en día se conoce como “Manzana de Las Luces”; pero Krauss muere en 1714.
Se hace cargo de la continuación de la obra Juan Wolff hasta 1720, luego, de 1723 a 1730, los encargados de las obras serían los arquitectos jesuitas Andrés Blanqui y Juan Bautista Primoli.
Por último, de 1731 a 1734, el encargado fue el Maestro Herrero Pedro Weger.
La consagración del templo sucedió el 7 de octubre de 1734 por el Obispo de Asunción de Paraguay, Don Fray José Palos, y otra vez vuelve a ser Asunción una ciudad relevante en la historia de Buenos Aires; no olvidemos que de allí partió, en 1580, la expedición comandada por Juan de Garay que fundaría la ciudad.
La iglesia quedó terminada con las siguientes dimensiones: 57 metros de largo, 25 metros de ancho, 16 metros de alto. Tiene una planta en forma de crucero, con cúpulas y tribunas superiores llamadas matroneras, y está inspirada en la Iglesia del Gesú en Roma.
Pero poco la utilizaron los Jesuitas, pues en julio de 1767, por órdenes del Rey Carlos III,el Gobernador Francisco de Paula Bucarelli los expulsa de la ciudad en el marco de la expulsión de la Orden La Compañia de Jesús de todos los dominios territoriales de España, Francia y Portugal.
Los bienes de la Compañía pasaron a las Juntas de Temporalidades y el templo permaneció cerrado por tres años. Luego, entre 1775 y 1791, San Ignacio se convierte en Catedral Provisional de la ciudad por reparaciones en la Catedral oficial ubicada a pocas cuadras.
Esta iglesia fue, como casi todos los recintos religiosos del centro histórico de Buenos Aires, un baluarte importantísimo en la defensa de la ciudad durante las Invasiones Inglesas de 1806 y 1807. De hecho, en 1806 fue sede del Regimiento de Patricios, que tenía como jefes a Cornelio Saavedra y a Manuel Belgrano.
Fue también destacado escenario de la llamada Rebelión de las Trenzas, alzamiento del regimiento de Patricios contra el Primer Triunvirato en diciembre de 1811.
La relevancia, prestigio e importancia del recinto se refleja en que en su interior reposa el cuerpo del llamado orador de la Revolución de Mayo de 1810: Juan José Castelli, quien falleció en 1812.
Además, San Ignacio fue el lugar de fundación de la Universidad de Buenos Aires en 1821, nombrada nuevamente Catedral de la ciudad en 1823, y en 1830 se constituyó en Parroquia.
En 1836 los jesuitas regresaron a Buenos Aires, y a todo el ámbito de la América española valga decir; sin embargo, lo hicieron por muy poco tiempo pues en 1843 son nuevamente expulsados.
Para 1850 se construye la Torre Norte por el ingeniero español Felipe Senillosa, torre que contendría el reloj del cabildo cuando a este edificio se le derrumbó su propia torre por la construcción de las nuevas avenidas que hoy lo circundan.
En 1942 fue declarada Monumento Nacional por el entonces presidente Ramón Castillo.
Un dato importante para quienes hoy la visitan es que, de sus catorce retablos, siete son originales de época jesuítica y algunos incluso fueron tallados por indígenas guaraníes de las misiones jesuíticas como el retablo mayor, el de La Vírgen Dolorosa ubicado en el Transepto, el del Apóstol Santiago, San Judas Tadeo, entre otros. También destacan al interior de la iglesia los cuadros de Miguel Aucell.
Es evidente que San Ignacio es un punto de conexión en muchos sentidos: entre la historia de Buenos Aires y su presente, entre América y Europa, entre lo religioso y lo político. Al día de hoy, dichas conexiones tienen dos hechos claves en los que se materializan: San Ignacio es entrada a los “túneles coloniales”, una red de defensa debajo de la antigua ciudad que aún se pueden visitar, y es un punto oficial de la Ruta Jacobea (Camino de Santiago de Compostela), en su concepción de “Camino Blanco”. Esta ruta está conformada por cuatro puntos: la Base española “Gabriel de Castilla” en la Antártica, Ushuaia, Buenos Aires (San Ignacio) y Santiago de Compostela en España. Tan importante hecho está marcado por una cruz tallada en granito traído de Galicia y ubicada, desde el 18 de septiembre de 2018, en el atrio de la iglesia.
Edgar Meléndez
Del Pasado Venimos







No hay comentarios:
Publicar un comentario