La civilización minoica forma parte, junto a la civilización micénica y la cultura de las Cícladas, de la llamada civilización del mar Egeo en la edad de bronce y desde hace algunas décadas, además, es reconocida como la primera gran civilización europea.
Pero, ¿cómo fue descubierta esta civilización?
Primero pongamos las cosas en contexto, hasta finales del siglo XIX se reconocía como primera civilización de Europa, y de todo occidente, a la civilización griega. Entendiendo por civilización griega aquella que existió en el período comprendido desde el 800 a.C. (en verdad desde la primera olimpíada en el año 776 a. C.), hasta la absorción definitiva del mundo griego por los romanos hacia el año 30 a. C.
Este período de más de siete siglos incluye a la Grecia Clásica y al posterior período helenístico que inaugura Alejandro Magno en el 336 a. C. que, aunque no son parte directa del contenido de este artículo, es importante resaltarlos por su destacado lugar en la historia de la humanidad.
Volviendo a las consideraciones de la periodización de la historia a finales del Siglo XIX que consideraba a Grecia la primera civilización de Europa y occidente, todo lo anterior al 800 a. C. se le denominaba “edad oscura”; es decir, un período carente de historia cuyo único recurso de aproximación a él era la mitología.
Pero en el año 1872 va a suceder algo clave para la llamada historia universal: el alemán Heinrich Schliemann, orientado por excavaciones previas realizadas por el británico Frank Calvert en el sitio de Hisarlik en Turquía, anunciará al mundo el descubrimiento de Troya: la mítica Ilión descrita por Homero en La Ilíada.
Heinrich Schliemann
Este acontecimiento, ya de por sí grandioso, significó el inicio del desvelamiento de lo que existía en Grecia antes de la “civilización griega”, era el fin de la “edad oscura”.
Hoy sabemos dos cosas: la primera, que Schlimann fue mejor propagandista y sensacionalista que arqueólogo, pues dañó muchos estratos superiores de todas las ocupaciones históricas de Hisarlik; y la segunda, que el estrato que él creyó y anunció como el perteneciente a la Troya homérica era en verdad uno más antiguo.
Los verdaderos estratos de la “Troya de Príamo” eran los VI y VIIa que paradójicamente fueron dañados por Schliemann en sus poco profesionales excavaciones; sin embargo, es innegable que las excavaciones de Calvert primero y Schlimann después demostraron que el relato de Homero era, en esencia, histórico.
Con los descubrimientos arqueológicos en Hisarlik se comprendía que la guerra de Troya en realidad había sucedido, solo que había sido retratada para la posteridad no por medio de la pluma de un historiador sino de un poeta, quien además la había conocido transmitida por la tradición popular.
La guerra de Troya dejó de ser exclusivamente un vibrante episodio de un poema épico mezclado con mitos y leyendas griegas para convertirse en un episodio histórico que tenía, y esto es lo más relevante para la ciencia histórica, como una de las partes beligerantes a una gran civilización desconocida hasta entonces: la civilización micénica, cuyo asiento principal, la ciudad de Micenas, se encontraba en la península griega del Peloponeso.
No se debe pasar por alto que los descubrimientos de Calvert y Schliemann no fueron obra de la casualidad, sino que estuvieron orientados en todo momento por su conocimiento y afición a la mitología griega y en especial a Homero. Estos descubrimientos son la expresión de un hecho entonces sospechado por muchos y hoy una verdad consolidada: la mitología de los pueblos tiene siempre, en alguna medida, una base histórica.
Dado un poco de contexto hablaremos ahora de un inglés llamado Arthur Evans quien visitó el sitio de Micenas a fines del siglo XIX y allí, ante la magnitud de las construcciones y hallazgos de Schliemann en el Peloponeso, intuyó que una civilización tan grande y compleja debía poseer al menos escritura ideográfica. Evans, que era un interesado en lenguas antiguas, halló pocos meses después en la acrópolis de Atenas fragmentos de jarrones que evidentemente no pertenecían a la Grecia clásica, pero que tampoco parecían ser micénicos.
Arthur Evans
Fue entonces orientado a visitar el mercado de la ciudad donde se vendían como baratijas fragmentos de tablillas inscritas muy antiguas y otros artículos de interés arqueológico, cuentan que allí además encontró un anillo con la figura de un pulpo que le llamó mucho la atención. Los vendedores le indicaron que todos estos artículos provenían de Creta, la gran isla al sur del mar Egeo que hasta ese momento era territorio político del imperio Otomano.
Isla de Creta
Desde hacía ya muchos siglos historiadores y aficionados a la arqueología venían apuntado a Creta como, al menos, un sitio históricamente interesante dentro del llamado mundo griego y había algunos tímidos avances en su estudio. Por ejemplo, los mencionados fragmentos de tablillas de arcilla cocida con la misteriosa escritura que tanto llamaron la atención a Evans, eran ya conocidas desde el año 1445 por Círiaco de Ancona y en 1576 había excavaciones en Creta cuando estaba gobernada por los venecianos y así, cuando la isla es invadida por los turcos hacia mediados del siglo XVII, ya era parte de la afición de intelectuales e historiadores coleccionar inscripciones y monedas cretenses.
En 1879 el arqueólogo griego Minos Caloquerinos, estaba excavando en Creta y creyó haber descubierto cerca de la capital Heraclión el laberinto del Minotauro en un sitio conocido como Cnosos. También se encontraba excavando en Creta el doctor Hazzidakis. Con los descubrimientos de Schliemann en Turquia y Micenas se fue popularizando la idea de que Creta había sido una región de la civilización micénica, cuestión que es correcta solo que no se planteó la pregunta, al menos no para Creta, ¿y antes de los micénicos qué?
Por considerarse micénica es que el propio Schliemann estuvo interesado en excavar en Creta, lo que no logró por su negativa de adquirir los terrenos que se debían excavar. La adquisición de los terrenos para trabajos arqueológicos constituía una disposición legal turca y Creta era para entonces territorio turco como parte del imperio Otomano.
En 1894 se superará la visión de Creta como un simple enclave micénico, cuando el arqueólogo italiano Antonio Taramelli excavó una cueva en las cercanías del monte Ida en el centro de la isla y descubrió un impresionante número de cerámicas que a la postre se denominarían cerámica de Kamares, con un contenido pictórico y alusivo a la presencia de una gran civilización en Creta antes de los micénicos.
Por este tiempo Evans llega a la isla, que estaba envuelta en la tensión e inestabilidad política producto de su lucha de independencia contra los turcos. Allí se convence de la importancia de iniciar cuanto antes las excavaciones en el sitio trabajado por Caloquerinos atribuido a la mítica ciudad de Cnosos y asociado a otra gran leyenda griega: el rey Minos y el laberinto del Minotauro.
Pero Evans tropezó con el mismo inconveniente que Schliemann, si quería excavar en Creta tenía que comprar el terreno; para ello creó una fundación e inició negociaciones con propietarios locales que se vieron muy pronto paralizadas por casi tres años debido al conflicto por la independencia que culminaría con la expulsión de los turcos en 1897. No sería hasta el 23 de marzo del año 1900 que Evans, junto a un equipo que había engranado previamente, podría dar inicio a las excavaciones en Cnosos.
El equipo que conformó Evans estuvo integrado por 200 obreros mitad cristianos, mitad musulmanes y además por dos especialistas: el arquitecto Theodor Fyfe y el arqueólogo escocés Dunkan Mackenzie quien contaba con mucha experiencia arqueológica en trabajos en Grecia y otras partes de Europa.
Desde los propios inicios de las excavaciones el lugar de Cnosos rindió buenos frutos, a los pocos días ya se habían hallado innumerables piezas de arcilla escrita, vasijas, frescos y murales y hasta un cuarto del trono. Maravillado ante los descubrimientos Arthur Evans exclamó: “Un fenómeno extraordinario, nada griego, nada romano” para más adelante afirmar: “la época dorada de esta civilización es premicénica”.
Hubo un hecho importante acaecido desde los primeros momentos de las excavaciones en el monte Kefalos: Cnosos se empezaba a revelar como un auténtico laberinto y fue cobrando cada vez más fuerza en la cabeza de Evans que si Schliemann había sido descubridor de Troya y el mundo micénico, él sería el descubridor del laberinto del minotauro y del palacio del rey Minos.
Cuando culminaron definitivamente los trabajos en 1931, Cnosos se había revelado como un palacio laberíntico con más de dos hectáreas de extensión y mil salas.
Palacio de Cnosos (controversial reconstrucción de Evans)
Esta majestuosidad, junto a trabajos arqueológicos mucho más rigurosos científicamente hablando como en Festos y otros puntos de la isla ejecutados por científicos de la Universidad de Roma, reveló sin duda lo que ya había advertido Taramelli unas décadas antes: en Creta existió una gran civilización casi seguramente anterior al esplendor de Micenas.
Sobre el trabajo de Evans se puede evaluar hoy, a la luz de los años, que su aporte fue fundamental para coronar el esfuerzo propio y de muchos antecesores para legar a la humanidad el conocimiento sobre una esplendorosa civilización que, además venía a consagrarse como la civilización más antigua de Europa.
Otra vista del Palacio de Cnosos
Su afición por las lenguas antiguas y los sistemas de escritura logró determinar con precisión que en Creta se encontraban tres sistemas de escritura claramente diferenciados: la escritura jeroglífica, que lógicamente pertenecía a un estadio social de menor desarrollo de los antiguos habitantes de la isla y dos escrituras lineales más evolucionadas y muy diferentes entre sí a las que denominó Lineal A y Lineal B.
Sin embargo, los trabajos de reconstrucción de la estructura del palacio, así como de las pinturas (para lo que contrató un equipo suizo) ejecutados por Evans no fueron muy responsables arqueológicamente hablando, a pesar de la comprensión de que a la fecha la arqueología estaba a medio camino entre una afición y una ciencia, Evans orientó todo a demostrar que había descubierto el palacio del rey Minos y el famoso laberinto que según la leyenda este encargó a Dédalo construir para el minotauro.
Mural micénico reconstruido por Evans y su equipo
La ciencia histórica ha demostrado que, posterior a la civilización minoica, la mitología griega asoció a Creta con los toros porque estos eran venerados religiosamente en la isla y formaban parte central de la vida, tradiciones y ritos de los cretenses. También se ha puesto en duda inclusive si el palacio de Cnosos era en realidad una residencia real, ya que al parecer podría ser más un sitio de culto dirigido por sacerdotisas.
En un error menor, muy común en muchos “primeros trabajos” en materia arqueológica, Evans exageró la antigüedad de los minoicos al ubicarlos correctamente como una civilización de la edad de bronce, pero con al menos trescientos años de anterioridad a lo que hoy se sabe con certeza les corresponde.
A pesar de ello, sus sistemas de clasificación de los distintos periodos de esta civilización se siguen utilizando con criterio cualitativo (Minoico antiguo, medio y tardío) aunque desde el 2010 se utilice más al sistema del arqueólogo Sturt Manning.
Esta historia nos revela que Evans no partió de cero en sus descubrimientos, Creta ya era conocida en el mundo arqueológico e histórico como un lugar relevante, el sitio de Cnosos ya había sido excavado, se sabía de la relación de la leyenda del Minotauro con Creta e incluso el nombre de “minoicos”, derivado de Minos, para señalar esta civilización y que generalmente se atribuye a Evans era ya utilizado antes de él en el mismo sentido. No en balde Isaac Newton advertía siempre sobre la importancia del precedente, “he mirado lejos porque ando a hombros de gigantes” dijo el científico británico.
Los descuidos en la metodología de trabajo que requiere un yacimiento arqueológico, entre otros percances, no pueden quitarle a Evans el sitial de honor que le corresponde por haber presentado al mundo una civilización interesante, prospera, precursora del salto de Europa de la prehistoria a la historia antigua como fue la civilización minoica.
Desde comienzos del siglo XX el mundo no tiene dudas, gracias a Arthur Evans, que la civilización europea empezó en Creta.
Edgar Meléndez
Del Pasado Venimos






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