Introducción
Describir la prehistoria de América sigue siendo uno de los mayores retos para las ciencias históricas.
Y es que sobre este tema general no hay total claridad en torno a cuestiones concretas; como por ejemplo, la llegada del Homo sapiens al continente y el origen de algunas culturas y sociedades americanas. Precisar estos y otros puntos es una necesidad urgente para poder hablar de manera formal sobre una prehistoria consensuada del continente americano.
En descargo de historiadores, arqueólogos, intelectuales y aficionados que se han ocupado de la prehistoria americana, podríamos decir que el continente americano es de una complejidad y extensión geográfica enorme, que además está orientado con un eje norte-sur que le aporta unas variaciones latitudinales, y por tanto climáticas, impresionantes aún entre lugares cercanos. Todo esto, sin lugar a dudas, complica el acceso a lugares de posible interés y valor histórico y retrasa otros aspectos de la investigación científica, sin hablar de los bajísimos presupuestos e inversiones que los Estados nacionales y las empresas privadas designan para estas cuestiones con la excepción, quizá, de dos o tres países.
Otro obstáculo, y no menor, en la reconstrucción histórica del pasado remoto de América, es que esta ha estado perniciosamente influenciada por dogmatismos y chovinismos que han conllevado a construir una narrativa histórica llena de errores y disparates pseudocientíficos, pero que se arraigan en la tradición popular y política de las naciones y países y sirven de sello comercial al turismo “histórico” tergiversando verdades históricas que son incómodas porque no venden tanto.
En fin, es importante saber de entrada que sobre la prehistoria de América pululan acalorados debates pero muy pocas certezas, y esto no es del todo malo pues sabemos que el debate y la controversia no sólo son moneda de uso corriente en lo relativo al acercamiento al conocimiento de un fenómeno, mucho más de uno de tipo cultural, sino el motor que impulsa su avance.
Y también es justo decirlo, a pesar de las lagunas y controversias, en prehistoria americana se ha avanzado en las últimas décadas y una clara muestra de este avance es que estamos asistiendo al derrumbe del “dogma” Clovis.
Desde hace algunos años se ha empezado a valorar y divulgar la abrumadora evidencia arqueológica en toda América que presenta una realidad distinta a la narrativa única de los "clovistas" y que nos coloca un paso más adelante en el camino hacía “la verdad” sobre la llegada del Homo sapiens al continente.
Para quienes no estén familiarizados con Clovis podemos decir de pasada, porque hablar de ello no es el objetivo de este artículo, que la Teoría Clovis establece que debido a los efectos de la última glaciación, hace aproximadamente 17.000 años, se formó un puente natural en el estrecho de Bering al extremo nor-occidental del continente por el que pequeños grupos de humanos establecidos en Siberia cruzaron para llegar a América del Norte.
La formación de puentes e istmos está confirmada no solo en Bering, sino en muchos otros lugares del planeta en cualquiera de las glaciaciones que han ocurrido a lo largo de la historia geológica de la Tierra cuando el nivel de los mares descendió de tal manera que sitios antes separados por aguas poco profundas quedaron unidos.
Clovis se convirtió en la teoría "única" del poblamiento americano a partir del descubrimiento de un sitio arqueológico en Nuevo México, Estados Unidos, que fue habitado por personas que desarrollaron una cultura lítica de puntas de flechas bifaciales acanaladas para caza de megafauna. A esta cultura se le denominó Clovis por el lugar del hallazgo y al yacimiento se le registró una edad de 13.000 años.
Punta Clovis
Desde entonces se afirmó que los clovis eran los descendientes de un grupo de seres humanos de Siberia que dos mil años antes; es decir, hace 15.000 años, habrían cruzado el puente de Bering entrado a Alaska y de allí puesto rumbo al sur a través de un corredor abierto entre las capas de hielo de Laurentia y las Montañas Rocosas de Canadá, hasta establecerse en territorio más cálido del centro y sur del actual Estados Unidos.
Entonces se estableció que Clovis sería la cultura madre de todas las culturas, civilizaciones y pueblos de América.
Pero poco tiempo después de su descubrimiento empezaron a hacerse hallazgos arqueológicos en distintos sitios del continente que ofrecían material óseo y lítico que arrojaban edades superiores, y en algunos casos muy superiores, y que casi siempre fueron despachados con cierta prepotencia por los que sostenían algo así como "la irrefutabilidad" de Clovis.
El debate no es sólo a nivel arqueológico, desde el punto de vista del campo genético tampoco hay claridad si los primeros pobladores del continente pertenecían a un mismo pueblo o por el contrario llegaron desde distintas partes de Asia o inclusive África, como parecen “insinuar” ciertos yacimientos en Brasil en lo que sería el punto más controversial en el estado actual de la construcción de la narrativa sobre la prehistoria americana.
Todo este debate es también parte de la prehistoria andina, no solo porque los mismos dilemas, lagunas y dudas subsisten, a su debida escala, en esta parte del continente, sino porque dilucidar cual fue en definitiva la fecha y ruta del primer poblamiento americano aclararía muchas candentes cuestiones sobre el poblamiento andino y el desarrollo posterior de sus culturas y civilizaciones.
La prehistoria andina es importante además, porque desde ese período empezaron a gestarse los pueblos y las culturas que darían lugar a los tres imperios andinos: Chavín, Huari e Inca.
El mundo andino y el estudio y periodización de su historia.
Para abordar el estudio de la historia andina es necesario tener claro almenos dos cosas: primero, el término "Andes" tiene una acepción geográfica y una acepción histórico-cultural que no son plenamente coincidentes; segundo, la periodización que utilizaremos aquí para los Andes es específica para los Andes centrales (entiéndase el actual Perú).
En términos geográficos cuando se habla de "Andes" se habla de la más larga cordillera del mundo. Esta posee una longitud de 8.500 Km, un ancho que varía entre 700 y 250 Km y casi 3.000.000 Km2 de superficie que la convierten en uno de los rasgos geológicos más característicos del subcontinente suramericano extendiéndose por siete de los actuales países del mismo.
Podríamos decir mucho más de esta cordillera; por ejemplo, su altitud media es de 4.000 msnm, alcanzando su mayor altura en el monte Aconcagua en Argentina con 6.960 msnm, aunque por la forma del planeta (geoide), más abultado en el ecuador que en los polos, el Chimborazo (en los andes de Ecuador) es la montaña más alejada del centro del planeta.
Pero cuando en historia, arqueología y antropología decimos "Andes" nos estamos refiriendo, a decir de Luís Guillermo Lumbreras, al mundo Andino; que no es sólo la cordillera, sino que también abarca buena parte de la costa pacífica de Sudamérica e incluso parte alta y baja de la selva amazónica al este.
Esto es así debido a que el relacionamiento político, económico y cultural y la influencia multidireccional entre las poblaciones ancestrales y actuales de la costa, sierra y selva en el occidente de Sudamérica, hace casi imposible que podamos entender por Andes (o andino), exclusivamente a la cordillera o lo perteneciente a ella.
Sobre la periodización de la prehistoria e historia en América mucho se ha dicho y mucho se debatió en el pasado, fundamentalmente porque los tiempos, lapsos y momentos históricos (especialmente antes de la llegada de los europeos), no se corresponden, como es lógico, con la periodización del "viejo mundo". Había pues la necesidad de construir una periodización que fuese más fidedigna como intérprete y expositora de la realidad histórica americana.
En atención a esto en el año 1958, Gordon Willey y Phillip Phillips, dos grandes arqueólogos estadounidenses, se encargaron, en base a sus trabajo de campos e investigaciones, de elaborar una periodización de la prehistoria e historia de América atendiendo a las particularidades del desarrollo concreto de los grupos humanos en el continente y la presentaron en un libro muy conocido por arqueólogos, antropólogos e historiadores: "Method and theory in american archaeology".
Esta periodización, bien sencilla y concreta, ha sido la base para el estudio histórico desde una perspectiva científica en el continente americano, aunque ha sufrido adaptaciones y aportes en todas estas décadas, y cuenta con algunos detractores, sigue siendo ampliamente utilizada.
Divide la prehistoria del continente en tres periodos: Lítico, Arcaico y Formativo y al periodo histórico, que tiene varias referencias iniciales como el surgimiento de la agricultura, surgimiento de la cerámica, formación de civilizaciones avanzadas, etc, lo dividieron en dos períodos: Clásico y Postclásico.
Nótese que por simplificación divulgativa, no se está asignando límites temporales absolutos a los periodos de Willey y Phillips.
Atendiendo a la referencia general de estos arqueólogos norteamericanos, muchos profesionales y aficionados latinoamericanos y extranjeros que se han dedicado al estudio e investigación de la historia del subcontinente, también han propuesto sus propios sistemas de periodización.
En el caso de los Andes, podemos decir que uno de los pioneros en la periodización fue Max Uhle quien presentó una primera propuesta a finales del siglo XIX por sus estudios en Pachacamac, Mochica y otros lugares de Perú. Fue originalmente seguido por Alfred L. Kroeber quien después presentaría su propio enfoque para la periodización andina y por último se sumó a este debate el gran arqueólogo peruano Julio César Tello.
Sin olvidar, como nos lo recuerda Luís Salcedo Camacho en su investigación “Prehistoria Andina I”, que a mediados de los años 40 y en toda la década de los años 50 del Siglo XX hubo preocupación y trabajo por “el esclarecimiento de la historia temprana de los Andes” de parte de profesionales como el etnólogo estadounidense Harry Tschopik Jr, el antropólogo estadounidense Edward Lanning junto con estudiantes de la Universidad Nacional de San Marcos de Lima y del etnólogo suizo Fréderic-André Engel.
Luego de muchos años de debate y de descartar modelos, en la actualidad por lo general se utilizan solo dos periodizaciones: la del arqueólogo y antropólogo peruano Luis Guillermo Lumbreras y la del norteaméricano John Rowe.
En el caso de Lumbreras su periodización atiende más al aspecto material económico-social (herramientas, productos, sociedad y economía), tomando como referencia para los primeros estadios la misma división y descripción que para todo el continente hicieran Willey y Phillips: Lítico (17000-5.000) AP; Arcaico (5000-3200) AP; Formativo (3200 AP- 100 EC); para luego hacer una periodización más específica en los periodos más recientes: Culturas Regionales (100-800)EC; Imperio Wari (800-1200)EC; Estados Regionales (1200-1470)EC; Imperio Inka(1470-1532)EC
Para la elaboración de su periodización andina, Rowe por su parte atendió más al aspecto cultural y a la influencia que alcanzaron a irradiar (o imponer), las distintas culturas y civilizaciones del pasado; es decir, evaluó explícitamente la extensión temporal y geográfica de la influencia cultural. Es importante resaltar que para este investigador la prehistoria en América finaliza con el surgimiento de la cerámica, quedando así su periodización: Precerámico (10000-2000)AP; Período Cerámico Inicial (2000-500) AP; Horizonte temprano (500-200)AP; Intermedio Temprano (200 AP-600 EC); Horizonte Medio (600-900) EC; Intermedio Tardío (900-1440) EC; Horizonte Tardío (1440-1532) EC.
El debate sobre la preponderancia de lo cultural sobre lo histórico (político), de lo histórico sobre lo cultural e incluso sobre la necesidad de una síntesis entre ambos (que era tal cual como Willey y Phillips enfocaban el abordaje integral de la historia), es un debate profundo y de muy vieja data que escapa por completo al objetivo de este artículo; sin embargo, como los enfoques de Lumbreras y Rowe tienen mucho que ver con ello, queremos expresar que ambos son válidos y útiles según el contexto histórico que se pretenda resaltar.
En general apreciamos que ambas periodizaciones son más coincidentes que excluyentes.
El lítico de Lumbreras o el precerámico de Rowe.
Como ya advertimos en la introducción, dilucidar dónde y cuándo se produjo el primer arribo del Homo sapiens al continente, y la ruta que siguió posteriormente para poblarlo, repercutirá directamente en la historia andina.
Lógicamente, mientras no aclaremos lo anterior se mantendrán preguntas sin respuestas sobre los primeros pueblos de los Andes; por ejemplo, ¿se pobló primero el norte que el sur?, ¿el ser humano llegó directamente por el pacífico y de allí subió a la sierra, o por el contrario desde la sierra pobló la costa?, ¿y si subió a la sierra desde la selva?
Además de todo el debate y la incertidumbre sobre el primer arribo al continente, a la bruma que cubre el "quienes fueron los primeros andinos" contribuyen fundamentalmente dos situaciones, la carencia de una narrativa histórico-científica que cohesione los “episodios” arqueológicos aislados y los métodos de datación absolutos aplicados a la arqueología que, siendo muy precisos, son poco exactos.
La datación radiométrica aplicada a la arqueología por lo general tiene una exactitud de dos órdenes de magnitud y eso, que es muy bueno en geocronología y mucho más en astronomía, en “tiempo humano” es una inexactitud realmente significativa.
Pensemos en el siguiente caso, si dos yacimientos están datados en 5.000 AP debido al margen de error uno de ellos puede ser del 5.150 AP. y el otro del 5.280 AP, incluso pudiese ser que ambos sean del 5.500 AP ¿Cuál es en realidad más antiguo? 100, 200 o 300 años es mucho tiempo en historia humana, en ese tiempo el ser humano podría haber recorrido toda Sudamérica.
Por eso para resultados más fidedignos, la arqueología, y otras ramas de la ciencia histórica, vienen siendo complementadas por otras ciencias aplicadas como la genética (en el caso donde sea posible utilizarla), e incluso por modelos matemáticos y simulaciones informáticas.
A finales del Siglo XIX y principios del XX varios arqueólogos e historiadores se empezaron a ocupar del poblamiento andino (especialmente en los Andes centrales), donde el hallazgo de importantes sitios arqueológicos era cada vez más profuso.
Fue así como el arqueólogo alemán Max Uhle, pionero en el estudio histórico científico andino, propuso que las altas culturas andinas se habían formado a partir de la inmigración de pueblos mesoamericanos al sur del continente; en los años siguientes con el descubrimiento de culturas y civilizaciones más antiguas en Sudamérica esta hipótesis quedó descartada.
Por su parte, el arqueólogo peruano Julio César Tello, descubridor de la cultura Chavín, propuso que las culturas y civilizaciones andinas se desarrollaron a partir de la llegada de grupos de seres humanos desde la selva, identificando al pueblo Arawak como uno de los primeros pobladores de los andes.
Sin embargo, sería el arqueólogo peruano Luis Guillermo Lumbreras quien establecería que las civilizaciones andinas se desarrollaron desde núcleos autóctonos de población que absorbieron la influencia de otros pueblos y culturas, lo que parece ser mucho más aproximado a la realidad, incluso en el hecho de que este enfoque mantiene la duda sobre la llegada del hombre a América.
El lítico andino va del 15000 AP al 9000 AP y es equivalente con el precerámico descrito por Rowe, el Paleoindio de Norteamérica y el Paleolítico Superior de África y Eurasia.
El yacimiento más antiguo de los andes centrales, después de mucho debate y de revisión y calibración de las fechas, se denomina Guitarrero I dentro de la cueva del Guitarrero en el departamento de Ancash, Perú.
Estos restos que consisten de muy toscas herramientas de piedra como chancadores, raspadores, cuchillos bifaciales, martillos de piedra así como de restos de carbón de las fogatas fueron descubiertos por el arqueólogo norteamericano Thomas Lynch y datados en 12500 AP, además Lynch descubrió en el mismo estrato una mandíbula, un premolar y una falange humanos. Es importante resaltar aquí que en las cercanías de Bogotá en Colombia, se encuentra el sitio arqueológico del Abra que por Carbono-14 tendría una antigüedad de 12400 años.
Le sigue con 12000 años de antigüedad la fase Ayacucho de la cueva Piquimachay, descubierta por el arqueólogo norteamericano Richard McNeish, quien ya había propuesto un yacimiento mucho anterior (alrededor del 20000 a.C.) en el horizonte más profundo de la misma cueva al que denominó Pacaicasa, pero que fue rápidamente descartado por arqueólogos peruanos y extranjeros aduciendo que los restos líticos de esta fase eran en realidad pedazos de roca desprendidas del techo de la cueva.
Para aceptar a la fase Ayacucho como valedera, aunque en verdad se descartó mucho de lo allí encontrado, lo fundamental fue que las herramientas, principalmente puntas unifaciales y chancadores, están hechas de cuarcita, basalto y pedernal; es decir, materiales que no se corresponden con la litología de la cueva y por ende no pueden confundirse con artefactos desprendidos naturalmente de la misma (como sí sucede en la fase Pacaicasa).
Sigue en la cronología el llamado "Hombre de Tacahuay" con 13000 años AP, que vendría a ser el poblado más antiguo de la costa de Perú superando al famoso "Hombre de Chivateros". Tacahuay es una quebrada ubicada en el Departamento de Moquegua en el sur de Perú, donde un equipo liderado por el arqueólogo David K. Keefer encontró en 1998 restos de pesca y aves marinas y diferentes artefactos (incluyendo fogatas), tapiados por sedimentos como resultado del fenómeno de El Niño a fines del Pleistoceno e inicios del Holoceno. Este sitio está ampliamente reconocido por la comunidad científica internacional por lo que es oficialmente uno de los yacimientos con evidencias de actividades pesqueras más antiguo del continente.
Chivateros, que se considera el Taller de cultura lítica más grande de los Andes centrales, tiene restos que van del 12000 al 9000 AP; es decir, por más de tres mil años Chivateros fue un centro de elaboración masificada de utensilios líticos. En sus primeros estadios parece que solo se fabricaban raspadores unifaciales, para en las últimas etapas fabricar lanzas bifaciales. El yacimiento fue descubierto en 1960 por el arqueólogo Edward Lannig en la desembocadura del río Chillón en el Departamento de Lima.
En la cueva del Diablo en el Departamento de Tacna, Perú se encuentra una de las pinturas rupestres paleolíticas más famosas del continente: "Toquepala". Este sitio, que está datado alrededor del 11000 AP, ofrece murales de cacería de Guanuco y bastantes restos de herramientas líticas, en esta cueva asociada a las pinturas hay indicios de actividad religiosa incipiente relacionadas al pensamiento mágico de parte importante de los cazadores del paleolítico.
En este punto me gustaría llamar la atención sobre el sitio Chiribiquete en la amazonía colombiana, que contiene un complejo número de pinturas rupestres a las que se les reconoce hasta ahora una antigüedad de 19500 años.
En la muy conocida Pampa de los Fósiles en el Departamento La Libertad, en la costa norte de Perú, el arqueólogo peruano Rafael Larco descubrió en 1948 una cultura lítica que sería conocida a la postre como la cultura paijanense, consistentes en puntas líticas. En este mismo yacimiento en el año 1975 el arqueólogo francés Claude Chauchat, encontró las osamentas de un adolescente de entre 12 y 13 años y una mujer de aproximadamente 25 años con una antigüedad por radiocarbono de 10200 años que convirtió a estos restos en los restos humanos más antiguos descubiertos en Perú.
Puntas Paijan exhibidas en el Museo Larco de Lima, Perú.
La cultura paijanense, que es la cultura lítica más importante de Perú, resalta por su área de influencia que alcanzó a cubrir casi la totalidad de la costa peruana entre el departamento de Lambayeque al norte y el de Ica al sur, y por su lapso de vigencia que está comprendido entre 10800 y 8300 años antes del presente; es decir, una vigencia de dos milenios y medio.
El hombre de Lauricocha, considerado durante mucho tiempo como los restos óseos más antiguos de los Andes centrales hasta el descubrimiento de los restos de la Pampa de los Fósiles de la cultura Paijanense, están datados en 9500 años AP, fueron descubiertos por el arqueólogo peruano Augusto Cardich en 1958 en las cuevas de Lauricocha, departamento de Huánuco en Perú, constan de once esqueletos: cuatro adultos y siete niños.
Las osamentas estaban enterradas siguiendo una especie de ritual funerario (muy temprano para el lítico) con presencia de ofrendas. Algunas osamentas tenían deformaciones intencionales del cráneo.
En la cueva además se encontraron restos líticos semejantes y correlacionables con culturas líticas de los andes argentinos, lo que hace presumir que estamos frente a una gran cultura lítica suramericana.
También se hallaron pinturas rupestres de importancia, actividad artística algo escasa en los andes centrales.
Plenamente reconocido también el llamado "Hombre de Viscachani" en Bolivia (y sur del Perú) con 7000 años de antigüedad y practicantes de una tradición lítica propia consistente de puntas de flecha tipo "hoja de laurel" y descubierta por el investigador argentino Dick Edgar Ibarra Grasso.
Para finalizar con el lítico creemos conveniente mencionar, a fin de hacerle seguimiento puesto que podría revestir mucha importancia, que en 2018 una publicación de la Universidad de Tucumán en Argentina informaba de lo que podría ser un descubrimiento importante en Antofagasta de la Sierra (Catamarca), donde un equipo de arqueólogos halló objetos datados en 40000 años por dos importantes laboratorios estadounidenses utilizando el método del Carbono-14 y aunque este estudio aún no tiene la aceptación y divulgación generalizada de historiadores y arqueólogos, podría convertirse en el yacimiento más antiguo del continente.
Y sin lugar a dudas resaltar también que desde el año 1997, Monte Verde en Chile se confirmó como el sitio más antiguo, sin margen de dudas, en América Latina con 14800 años, dando prácticamente por finalizado el debate de Clovis como cultura madre de América. Actualmente se encuentran en debate y revisión otras fechas para este sitio en Chile una de aproximadamente 30000 años y otra de 18000 años.
Otros sitios del Lítico andino, aún en estudio y con observaciones importantes de algunos arqueólogos del mundo entero, son: Piedra Museo y Los Toldos en Argentina con 11560 años y 12900 años respectivamente; El Inga en Ecuador con 13500 años y la cultura Chinchorro del norte de Chile famosa por sus momificaciones.
Edgar Meléndez
Del Pasado Venimos





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